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Dos horas de Hospital

jueves, 24 de julio de 2008

Por: Martha Beatriz Roque Cabello

Julio de las Nieves Ruíz Pitaluga, es un ex preso político “Plantado”, que cumplió 23 años de privación de libertad. Aunque ha ido de visita en varias ocasiones a los Estados Unidos de América, no quiere emigrar, a pesar de no tener ninguna familia en Cuba. Sus parientes somos nosotros los disidentes, que lo apreciamos y lo admiramos.
Pititica, como le decimos cariñosamente, está rondando los 80 años de edad, es una persona muy inquieta, pero pequeño y menudo, la artrosis le ha jugado una mala pasada y le mantiene un poco encorvada la espalda.
El domingo 13 de julio, una joven amiga suya, lo llevó para el Hospital Julio Trigo, pues tenía una visible falta de aire, con otros síntomas de bronconeumonía, que resultó ser bacteriana. Allí después de pasarle un suero lo dejaron ingresado.
En varias ocasiones hicimos viaje para ir a verlo, el Hospital queda bastante lejos, finalmente el lunes 21 asistimos a la visita, que según se nos informó por teléfono está programada a las siete de la noche, hora exacta a la que llegamos al Centro de Salud, Vladimiro Roca y yo.
En la mesa de “Información” del Hospital nos dijeron que se encontraba en la Sala 5 A, cama 13, terapia intermedia. Tomamos el elevador y cuando bajamos del mismo, vimos una inusual aglomeración de personas en el lobby ante la puerta de entrada de la Sala. Al momento oímos la voz de un médico que advertía que la visita se demoraría unos 15 minutos, pues había un caso de sangramiento grave y no podían dejar pasar alguna persona, hasta que esto se solucionara. Nos sorprendió oírle decir, en un tono bastante desagradable y desafiante: “Le advertimos esto, para que después no estén hablando por ahí lo que no es”.
Pasado un buen rato, más del tiempo anunciado, una enfermera abrió la puerta de la Sala y volvió a advertir que había que esperar 15 minutos más. En el ínterin, el médico que estaba de mal carácter, salió a una consulta continua y me atreví a preguntarle por la salud del paciente Julio Ruíz Pitaluga. Tomó en sus manos un listado y después comenzó a pasar una por una las historias clínicas que tenía en el escritorio y me dijo: “Él no está en esta Sala”. Yo le insistí y le pedí incluso que llamara a Información, que nos había dicho que estaba allí. Su respuesta fue bastante grosera y terminó diciéndome que me había dedicado mucho tiempo.
Nosotros -ante tal situación- buscábamos a Pititica en el resto de las Salas del piso, la 5 B y la 5 C, sin obtener resultado alguno. Volvimos al lugar de partida, en el momento que la enfermera salía con un listado en la mano, para dejar entrar a los visitantes. Uno por cada paciente. El primer nombre que leyó fue: Julio Ruíz Pitaluga. Entré contenta pensando que finalmente, después de una hora y diez minutos de incertidumbre, lo íbamos a ver.
La Sala tiene dos pasillos, uno por el que yo accedí, que le permite entrar al cuarto al visitante y otro por el que caminó Vladimiro, que tiene cristales para verlo de lejos. Cuando llegué a la cama ¡Cuál fue mi asombro! No era Pititica. La persona dijo llamarse Rolando. No obstante recorrí los tres cubículos y miré uno a uno los pacientes. Allí no estaba.
Ciertamente debo detenerme en este punto, para explicar, que los cuartos eran mixtos de mujeres y hombres y con un espectáculo dantesco, digno de no tener que observar, todos, absolutamente todos, estaban desnudos y sin tapar. La Sala no cuenta con aire acondicionado. Me imagino que por culpa del embargo y del imperialismo. Tanto Vladimiro como yo, salimos de allí bastante deprimidos.
Cuando llegué a la puerta donde estaba la enfermera, el médico la reprimía con relación al nombre de Julio. Ella le dijo: “Yo lo tengo aquí en la lista”, pero él me miro con bastante rencor y me recomendó, después de mi protesta porque no se sabía donde estaba, que fuera a Admisión.
Bajamos al 1er piso y allí en el local que tenía el letrero de Admisión, consultamos a un señor que estaba al frente de la actividad y que nos dijo: “No hay dudas, él está en la Sala 5 A, Cama 13”. Una enfermera que oía la conversación y que resultó ser la Supervisora de Enfermería, le sugirió que buscara en los listados de las otras Salas, porque a lo mejor lo habían trasladado. Él pacientemente recorrió uno por uno los listados.
Le expliqué que en la cama 13 había un señor que dijo llamarse Rolando y me contestó: “No puede ser porque Rolando falleció ayer”. Inmediatamente relacionó que podría haber una confusión con Pitaluga. Suerte que a pesar del aprecio que le tenemos a este ex preso, no somos su familia, pues hubiera sido muy desagradable que le expresaran –de sopetón, como decimos los cubanos- que a lo mejor estaba muerto.
La Supervisora nos dijo que había que subir nuevamente a ver esto aTerapia Intermedia. Allá fuimos y pasamos por el sufrimiento de volver a revisar uno por uno los cuerpos desnudos de los 12 pacientes ingresados. Le dimos la confirmación de que no estaba allí. En su afán de ayudarnos, ella decidió que visitaríamos los posibles cubículos donde podría estar. Así fuimos a Medicina Interna y a Geriatría. En el pasillo 2 C, no pudo encontrar quien le diera la lista de los ingresados, pues la enfermera no apareció por ningún lugar. Sin embargo, ella tuvo que llamarle la atención al acompañante de un paciente, de otra Sala, que se encontraba hablando por el teléfono de la Guardia, sin camisa.
Es necesario -como observación- decir que la higiene del Hospital es un desastre, y ni decir de la ética y el cumplimiento del deber del personal médico y paramédico.
Sin solución alguna, nos llevó ante el Sub Director de Enfermería del Hospital, que era la Guardia Operativa en esos momentos. Lo primero que le dijimos fue que estábamos satisfechos del trato que nos había dado la Supervisora, a pesar de que caminamos una parte considerable del Hospital y que vimos uno a uno los enfermos.
El Sub Director dijo saber quien era Pitaluga, de hecho planteó que él y el Director lo habían ingresado y que conocía el caso perfectamente. También los dos, (él y la Supervisora) nos conocían a Vladimiro y a mí. No dejamos por eso de recalcarles que Pititica era un ex preso político.
El Sub Director llamó por teléfono al médico de marras, precisamente el único que vimos en todo el recorrido por el Hospital, y cuál no sería nuestro asombro, cuando oímos que él sabía perfectamente de la situación de Pitaluga. Su respuesta fue muy rápida: “El se egresó por la Dra. Isabel a las 11 de la mañana de hoy lunes 21. Tenía una enfermedad obstructiva pulmonar y estaba en la cama 13”.
En esos momentos eran las 9 y 10 de la noche, después de dos horas desafortunadas, buscando a Pitaluga, estaba en su casa. El Sub Director nos pidió disculpas por el error de la enfermera de la Sala de Terapia, pero no así por el de la secretaria de Información y el responsable de Admisión, y el trato desagradable del médico de terapia.
El lector podrá pensar, pero ¿por qué no localizaron al señor por teléfono? Muy sencillo Pitaluga vive sólo y tenía un teléfono celular, que le fue incautado por la policía política en una detención, hace unos meses, no hay forma de localizarlo por esa vía.
Terminamos en su casa, contándole todo lo que nos había pasado y él a su vez nos impuso de todo lo que sufrió allí. ¡Es de imaginar!.

Ciudad de La Habana, 23 de julio de 2008

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Quién es Martha Beatriz Roque

La economista cubana Martha Beatriz Roque Cabello es fundadora del Instituto de Economistas Independientes de Cuba y líder de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil.
Martha Beatríz Roque fue arrestada por segunda vez durante la más reciente ola represiva desatada por el régimen castrista en marzo del 2003 y fue la única mujer condenada a 20 años de prisión y confinada a la Prisión de Mujeres “Manto Negro” en La Habana, en una celda aislada de máxima seguridad. Después de meses sin recibir asistencia médica para sus problemas de salud incluyendo mareos, parálisis en el lado izquierdo del cuerpo, dolores en el pecho, desorientación, vómitos, diarrea, y sangramientos por la nariz y gracias a la presión internacional, fue finalmente transferida al Hospital Militar Carlos J. Finlay en La Habana en agosto del 2003, donde le diagnosticaron diabetes, y otros problemas. Finalmente fue liberada mediante un alta médica el 22 de julio de 2004 . Actualmente vive en su domicilio con "Licencia extrapenal por motivos de salud", pero sobre ella continúa vigente la condena de 20 años de prisión.Este Blog ha sido creado para publicar toda la información, artículos, denuncias y reflexiones que a riesgo de su propia vida siguen saliendo desde su mesa de trabajo en La Habana- Cuba.

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